jueves, 14 de marzo de 2013

3ero de secundaria







EL SER HUMANO Y LA CULTURA             

La cultura es la forma de vida de una sociedad. Se expresa a través de las creencias las normas y los valores compartidos por todos sus miembros.

La construcción de la cultura implica que las socieda­des fijen pautas que señalen comportamientos más o menos estables. Las pautas culturales se hacen visi­bles a través de instituciones que organizan la vida del grupo (como, por ejemplo, la familia, la escuela, los medios de comunicación, etc), así como en los com­portamientos que sus miembros desarrollan y en los objetos que elaboran.

Cuando nacemos, llegamos a un mundo ya organizado por pautas culturales que heredamos de generacio­nes anteriores Es decir, si bien a la cultura se suman aportes individuales, todos nacemos en una cultura que ya ha sido creada por otras personas A medida que crecemos, aprendemos los valores, las creencias y las normas de nuestra sociedad Esto proceso se denomina socialización.

La socialización es importante porque a través de ella podemos interpretar el mundo en que vivimos, actuar en el entendernos con los otros miembros de la socie­dad e incluso, modificar algunos aspectos de nuestra cultura.

 

CARACTERÍSTICAS BÁSICAS DE LA CULTURA

Las culturas comparten dos características:

·             Son diversas. Significa que no existe una sola cultu­ra humana, pues han existido y existen formas muy diversas de organizar la vida en sociedad. Asimismo, implica que toda cultura es el resultado de la fusión de culturas anteriores. Además, dentro de un sistema cultural, coexisten subculturas; es decir, formas distintas de vivir la cultura predominante.

·      Son dinámicas. Esto quiere decir que no están con­formadas por un conjunto de reglas fijas. sino por pautas modificables. Los valores culturales cambian con el paso del tiempo.



SOCIEDAD Y DIVERSIDAD CULTURAL

En una sociedad se manifiestan pautas culturales di­ferentes entre los distintos grupos que la componen. Estas diferencias suelen ser reforzadas por factores como la edad, el sexo, la raza, la religión o la lengua materna. Sin embargo, por encima de las diferencias es imprescindible construir un proyecto común de con­vivencia democrática, donde no exista ninguna forma de discriminación contra las minorías. Más aún cuan­do nuestro Estado reconoce el carácter multicultural de nuestra identidad nacional.